13-9-2011 La hostilidad de manifestantes egipcios hacia Israel, evidenciada en el sangriento asalto a la embajada de ese país en El Cairo, agrega a la retrasada primavera árabe (que ya no se sabe si es primavera u otoño) otro factor ominoso de inestabilidad en el Medio Oriente. Egipto fue precursor tanto en una convivencia pacífica de algunos estados árabes con Israel como en las rebeliones populares que este año derrocaron a perdurables autócratas en el mundo islámico. La caída de Hosni Mubarak y los alzamientos que siguieron en otras naciones árabes generaron una esperanza y una preocupación. Pareció abrirse el camino a alguna forma de democracia en países que nunca la conocieron, porque pasaron del colonialismo europeo a regímenes absolutistas y represivos. Pero estas dictaduras -fueran pro occidentales o antioccidentales- generaban previsibilidad en el mapa geopolítico de Medio Oriente.
Su caída y las turbulencias internas que la siguieron crearon el temor de que se exacerbara la siempre latente animosidad contra Israel en los nuevos gobiernos, organizaciones radicales y masas populares que podían ahora expresarse libremente. Lo acaba de confirmar lo ocurrido en El Cairo. Una multitud se congregó para protestar contra sus actuales gobernantes militares, que no dan señales de cumplir su promesa de celebrar elecciones este mes y se muestran tan represivos como Mubarak e igualmente renuentes a dejar el poder. La manifestación derivó en turbas enfurecidas que se lanzaron a un sangriento asalto a la embajada de Israel, cuyos diplomáticos abandonaron de inmediato el país.
Aunque el gobierno israelí minimizó públicamente el incidente, es notorio que fue una señal clara de sentimientos antiisraelíes que existen en sectores importantes del mundo árabe y en Irán. Hasta que no se organicen las nuevas estructuras políticas en los estados convulsionados por rebeliones populares en Egipto, Túnez, Libia y otros países no se aclarará si los gobiernos que surjan alentarán las viejas confrontaciones con Israel o evitarán echar más leña al fuego levantino. Lo que ocurra incidirá en forma decisiva en la calma o la detonación en una zona que vive en permanente estado belicoso desde la creación de Israel hace 64 años.
La situación se ha agravado con el fracaso de los intentos de paz entre Israel y los palestinos. Los palestinos se acercan a obtener reconocimiento de las Naciones Unidas como estado autónomo. Israel lo rechaza en las condiciones actuales y sigue adelante con su programa de nuevas construcciones de asentamientos en territorio palestino, causa adicional de permanente confrontación. La conjunción de todos estos factores anticipa un empeoramiento del clima de belicismo y la frustración de los reiterados esfuerzos de paz de la ONU y las grandes potencias. La paz solo llegará si algún día las naciones islámicas hostiles o los movimientos terroristas aceptan la ya inamovible existencia de Israel y crean un ambiente más conciliatorio que induzca al Estado judío a volver a las políticas de negociación y paz ensayadas con éxito en épocas del primer ministro Yitzhak Rabin, que llevó a los acuerdos de Oslo, y luego por Ehud Barack, que estuvieron a punto de cristalizar en Camp David.
Agravado clima de confrontación
13/Sep/2011
El Observador, Editorial